Cuando todo da igual

Sin prisa, sin gracia y sin intención,
como la resaca de una tarde de domingo,
llevo el otoño pisándome el alma,
maldita Cenicienta… huyó en su calabaza,
y salgo a esconder tristeza entre el ruido de los coches

Cruzo el semáforo de los deseos,
encuentro tu reflejo por los escaparates,
en el chaflán de los desamores,
la grúa va llevándose otro amor en doble fila.
Triste peatón con el orgullo a la deriva.

¡Qué despacio cae la tarde cuando todo da igual!
¡Que despacio se despide mi corazón!

 Enamorados por cada esquina
vigilan de reojo mi paso sin compás,
busco el abrazo hasta de las farolas,
te encuentro paseando desnuda mi memoria
¡Que absurda es la calle que lleva al olvido!

Llego al café de los solitarios,
revuelvo este silencio con dos azucarillos,
he derramado el cortado y tu risa
dejándome una mancha imborrable en los zapatos.
Me enfado como un gato atrapado en un tejado

¡Qué despacio cae la tarde cuando todo da igual!
¡Que despacio se despide mi corazón!

Por el paseo de los fracasos
siempre algún mendigo te ofrece su esperanza,
y en mis bolsillos busco la luna
y le doy una moneda y tu zapato de cristal,
y dejo mi tristeza entre el ruido de los coches

© Juan Caballero 2009
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